Hay situaciones por las cuales uno se siente amargado, agradecido, satisfecho, contrariado, alegre, compungido, enamorado, engañado, y todo lo demás que pueda experimentar un ser humano. En cada una de esas situaciones lo que más procura el cuerpo, el alma y el corazón, es expresar ese sentimiento; vaciarse, sentirse, manifestarse, a gritos, sigilosamente, de cualquier manera; lo importante es hacerlo, porque de lo contrario se vuelve uno árido, frío, con el feeling marchito, y así no es tan bella la vida, definitivamente no. Por eso es lindo expresarse, claro, sin ofender a los demás -ahí es donde reside el verdadero don-.


27 de enero de 2017

Registro del corazón

Si alguien me pregunta de qué trata la vida, diré que es esto: tomar decisiones difíciles y asumir responsablemente las consecuencias.

Porque no ha sido fácil decirte adiós,
no se puede enterrar un sentimiento tan real de la noche a la mañana,
sobre todo cuando es el alma la que está aferrada.

Aferrada a otra alma, a una nobleza, a una gracia
a una sonrisa insoslayable,
a un apoyo incondicional,
a un amor cariñoso, modesto a veces, pero sobre todo fiel, correspondido como nunca.

Escribir, escribir lo que siento como una catarsis. No hay otra salida para este dolor.

Siento que la vida me traicionó,
y ahora sólo puedo pedirte perdón,
te fallé.

Pero sobre todo me fallé a mí, a mi fe en el amor, a mi corazón, 
a mi idea loca de amar a alguien por siempre, 
a mi sinceridad poética o mis poemas sinceros,
a mis ganas de sorprenderte, de sacarte esa sonrisa,
de apoyarte y verte crecer, 
a mis ganas... 

Difícil.

Desconcertante.


Te echo de menos, me hacés falta, te extraño.
¿Y cómo puede ser de otra manera?
¿Cómo?

Sé que no es suficiente con escribirlo, nunca será suficiente.
Sé que lo sabés, 
sé que lo sentís,
y eso me carcome.

No quiero hacerte más daño, y te lo digo desde mi sentimiento más profundo, pasando por los más de 730 días, incluyendo las noches de desvelo y llanto, las siestas en mi pecho, los celos y todo lo malo, los abrazos quebrantadores y la camaradería, 

pero antes de dejarte —en el sentido estricto de la relación, porque no creo que te vaya a dejar nunca— , quería regalarte estos versos, 
versos que van sellados con lagrimas.

Te dejo con mi miedo,
con mi inmadurez y mis celos,
con mi falta de decisión,
y con mis absurdas pretensiones

Te dejo con mis errores,
con mi inseguridad latente,
con mi cobardía,
con mi apatía y mis prejuicios 

Te dejo con este sentimiento de culpa malsano,
pero sobre todo,
sobre todo esto que ojalá también dejés ir,
sobre todo te dejo con lo bonito,

porque nunca antes quise tanto a alguien,
porque vas a seguir siendo el amor de mi vida vivida.


Te dejo con un pedacito de mi vida,
con uno muy lindo que nunca olvidaré.


Porque lo que queremos no es siempre lo mejor para nuestra vida, y lo mejor para nuestra vida no es siempre lo que anhelamos con el corazón.


Confía en mí, en mi cursilería, y créeme que si hago esto es porque creo que es lo mejor, aunque me duela.

Y así no sea de la misma manera, quiero que sepas que quiero estar siempre para ti,
quiero lo mejor para tu vida, 
te amo por lo que eres.



Estoy siendo egoísta, y creo que es el peor momento de mi vida para serlo, 

perdoname. 


Gracias por amarme,
gracias por intentarlo.



Jose. 


8 de noviembre de 2015

Era noviembre

Después de terminar el café miré hacia la ventana. Estaba empañada, y con las marcas de la lluvia parsimoniosa; el día parecía más oscuro que de costumbre, no se escuchaban gritos de niños en la calle, ni pitos de carros, ni bullicio de la gente: Era noviembre. 

Ella entró sin decir nada, dejó la gabardina colgada en el perchero y se sentó frente a mí. Como si fuera escena de protocolo, sacó la cajetilla de cigarrillos, prendió uno, y en seguida preguntó qué pensaba. Seguí mirando la ventana mientras el humo se esparcía lentamente en la atmósfera, y luego de un momento solté el pocillo y la miré. Su apariencia no era la más impecable y aún así se veía hermosa. Tenía en su mirada algo de odio y de ternura. Siempre me pregunté cómo dos esencias tan diferentes cabían en una sola mirada. Y por querer encontrar esa respuesta, estaba allí, sentado, débil, e impotente.

"Vine a despedirme", dijo mientras apagaba el cigarrillo aplastándolo contra el cenicero. Luego bajó la mirada, y mientras tanto yo pensaba en cómo podía hacerlo, cómo podía ir allí y decirme eso, como si no estuviera sucediendo nada, con esa tranquilidad desquiciada, perturbante, insólita. ¿Acaso no sentía nada? ¿Acaso tenía una habilidad especial para esconder sus sentimientos? Las mujeres suelen ser así, pueden tragarse hasta la más insoportable sensación con tal de lograr lo deseado. Tal vez era eso. Y no sabía cuál dolía más.

- Eso quiere decir que ya nada tiene solución...

- Lo siento, de verdad. Es mejor que se quede todo así.

Lancé un suspiro de destrozo, de resignación. Sólo quería abrazarla, y mis manos, y mis brazos, y todo mi cuerpo me pedía que la abrazara, que la tomara, que no la dejara ir. Y sin embargo no podía. Estaba tan lejos de mí, tan distante, tan inalcanzable. Que intentarlo hubiera sido como lanzarse a un océano sin fondo.

"No debí venir. Sólo espero que estés bien, adiós Augusto."

Me quedé mirando al vacío, acomodé mis brazos recostándose en la mesa, y agaché mi cabeza. No tenía hambre, ni sed, ni palabras. Nunca antes me sentí tan derrumbado, tan desapercibido, tan muerto.

Ella me había enseñado algo que desconocía completamente, me había llevado a un estado en el que nunca imaginé encontrarme. Todas las barreras, todo el orgullo, todos los prejuicios se habían ido. Los había dejado ir por ella. Y descubrí facetas que tenía escondidas, reservadas para momentos especiales, imaginadas desde siempre y sin saber que eran posibles. Pero de nada había servido. Me había dejado solo, en un mundo desconocido. 

Entonces levanté mi cabeza. Seguía la llovizna parsimoniosa, el frío se sentía cada vez más, y ahora el silencio era irrumpido por el llanto de un niño; los recuerdos iban y venían en cada cotidianidad, el orgullo dolía más  que antes, y el abrazo hacía falta: Era noviembre.


-Jose.



29 de septiembre de 2015

Este pedacito de mi vida


Si tuviera que dividir mi vida no lo haría en lapsos,
ni en rangos de edad, ni en etapas; lo haría en pedazos.
Pedazos incompletos, intermitentes, eternos escritos en papel,
efímeros grabados en la memoria, y pedazos propios, y pedazos ajenos

30 de agosto de 2015

Poemas de agosto

Búsqueda



Te busco en las veredas, y también en mis recuerdos,

en medio de la algarabía, por la noche en la tranquilidad,

te busco entre mis ilusiones, y también en días cuerdos,

en las frías madrugadas, con más ahínco en la obscuridad.

30 de mayo de 2015

¿Qué estoy sintiendo?

Cada vez que uno conoce a alguien, y construye una relación sentimental con esa persona -o incluso antes de construirla-, se empiezan a generar diferentes situaciones. Situaciones que suelen confundirse, y que es importante tenerlas claras. Porque no es lo mismo sentir atracción, interés, estar enamorado, y amar. Además, cuando uno tiene claro lo que siente, sabe lo que debe hacer, evita confusiones y puede tener un panorama amplio sobre las relaciones interpersonales.